sábado, 10 de marzo de 2012

Cuento: La cruel verdad, por Noel González

-Bueno, ya estamos todos?
-Sí, creo que sí
-No, pará, pará, que falta José, ya viene. Ah, y Rubén dice que llega tarde
Minutos después llega José y Manuel comienza a hablar
-Bueno, chicos, los convoqué acá para hacerles una confesión, que mucho ya se habrán enterado por Luis, pero lo tengo que hacer público – Miguel apuró un vaso de cerveza y se quedó contemplando a su hermano Manuel como si éste fuera un petardo a punto de estallar.-Yo sé que muchos de ustedes lo sospechaban, y algunos hasta lo intuían por las acotaciones que hacía en la mesa, que desencajaban totalmente con los comentarios sobre minas que  se hacen acá. Muchos hasta me preguntaban qué hacía los viernes a la noche que no venía al bar, y ni yo me creía el cuento de que cursaba en la facultad justo esos días. Pero quién iba a pensar que Luis nos iba a descubrir a Ricardo y a mí in fraganti? Sí, Luis, arruinaste todo el momento, y ahora nunca más me van a ver con los mismos ojos. Ricardo y yo éramos felices con lo nuestro, era nuestro universo, nuestro secreto. Luis, con onda, pero la puta que te parió, tenías que ir corriendo a contarle a mi hermano...!
Silencio. Manuel estudió uno por uno a los comensales que lo miraban anonadados. Su hermano Miguel no podía tragar el pedazo de queso que se había metido en la boca y estaba a punto de ahogarse. Pero no quería hacer el más mínimo ruido para perturbar más (era posible?) a su hermano. Manuel dirigió su mirada a Ricardo, y éste, con una milimétrica señal de aprobación, le indicaba que continuara.
-Qué hacer? Se puede elegir lo que se siente? Somos acaso culpables Ricardo y yo por lo que nos dice hasta la razón? Vos, Andrés, no me pongas esa cara, que hasta el otro día me insinuaste, así como si nada, que te gustaba Aníbal. Que te parecía un buen tipo, que le veías un no se qué, y lo ibas a apoyar a escondidas porque “sino mirá lo que me van a decir éstos”. Sí, ahora no te hagas el boludo.
Miguel rotó su cabeza quedando su rostro frente a José, buscando aprobación. Pero éste desvió su mirada. La voz de Miguel se quebró
-Vamos, no sean así, hace mucho que me conocen. Ésta es sólo una parte de mí, pero sigo siendo el mismo!
Silencio
-La puta madre! No pueden hacerme a un lado solo porque sea diferente, no AHORA que todos nos conocemos. Vamos, Ricardo, no tenemos por qué tolerar esto.
Ricardo hizo otra milimétrica señal y se levantó. Su rostro curiosamente no expresaba nada. Mientras, Miguel paseaba su mirada dedicándole una mueca de desprecio a cada uno de sus futuros antiguos amigos. Luego caminaron juntos hacia la puerta, lentamente, esperando alguna señal, algún sonido, algo que les indicara que era una broma. La señal nunca llegó. Era el fin.
Al  rato llegó Rubén, que se le había hecho tarde. Rubén siempre llegaba tarde. Al ver las caras de funeral de sus amigos, preguntó
-Qué mierda pasó? Quién se murió? Por qué todos están así?
Silencio. Miguel, que no había hablado en toda la noche, ahora estaba a punto de explotar. Su rostro rojo revelaba un alma que ya no podía más. Intentó contener la cruel verdad, pero ésta era irrevocable. Ya era demasiado tarde para su hermano, ahora debía aceptarlo, y el primer paso era admitirlo. Miguel gritó:
-Mi hermano es Kirchnerista!

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